LLUVIA, TERRITORIO Y PREVENCIÓN EN ELCHE
¿Estamos preparados para la próxima avenida?

Muchas personas se preguntan si estamos seguras ante las inundaciones. El director de MeteoElx responde a las preguntas que nos hacemos sobre nuestro territorio, las zonas más expuestas y la información que permite anticiparse.
¿Estamos seguros ante una avenida o una inundación?
No estamos suficientemente protegidos en todas las zonas del municipio. En Elche conocemos lugares donde una lluvia intensa vuelve a poner en peligro viviendas, comercios, carreteras y personas. La seguridad no puede medirse únicamente por las obras anunciadas o por la limpieza de un tramo de cauce. Hay que mirar el recorrido completo del agua, desde que cae en las sierras hasta que alcanza la ciudad, el campo y las zonas bajas del sur.
En los últimos años nos hemos acostumbrado a convivir con avisos por calor, viento, lluvia y fenómenos costeros. El cambio climático está modificando las condiciones en las que vivimos, con temperaturas más elevadas y periodos secos que conviven con episodios de precipitación intensa. A ese escenario se añade un territorio profundamente transformado. Donde antes el agua encontraba espacio para extenderse, hoy encuentra carreteras, muros, viviendas, industrias y calles.
Desde MeteoElx vemos la necesidad de actuar sobre ambas realidades: el comportamiento de la lluvia y la respuesta del territorio. Las medidas de protección tienen que alcanzar a las cuencas y a las personas expuestas, no quedarse en actuaciones aisladas. Las obras hidráulicas, el mantenimiento y la vigilancia deben formar parte de una misma estrategia.
Para entender por qué hemos llegado hasta aquí hay que retroceder en el tiempo. Las inundaciones no empiezan el día en que llueve. Sus consecuencias también se preparan durante décadas, a través de la forma en que ocupamos y transformamos el suelo.
¿El sur del municipio siempre ha sido como lo vemos hoy?
No. El paisaje del sur del término de Elche es el resultado de siglos de transformación. El antiguo Sinus Illicitanus, el golfo de Elche, dio paso a un territorio de lagunas, marjales y saladares mediante la evolución de la costa y la acumulación de sedimentos. Buena parte de los terrenos que hoy vemos cultivados pertenecen a esa historia de zonas húmedas y tierras bajas.
La necesidad de ganar suelo agrícola impulsó una gran transformación entre los siglos XVII y XX, con especial importancia de las actuaciones del XVIII. Se construyó una red de azarbes para drenar el terreno y evacuar las aguas sobrantes. Así fue posible mantener productivos suelos con poca pendiente y convertir espacios húmedos en campos de cultivo.
Aquella transformación permitió alimentar a la población y sostener la economía del Camp d'Elx. No podemos entender nuestra agricultura sin esa capacidad para conducir, repartir y evacuar el agua. Pero tampoco podemos olvidar que se modificaron sus recorridos y que el funcionamiento de amplias zonas pasó a depender de una red hidráulica construida por el ser humano.
El Derramador, Els Carrissals y los saladares forman parte de ese paisaje. La tierra que hemos ganado para cultivar sigue estando en una posición baja. Cuando llega una aportación importante, el agua vuelve a buscar salida a través de ese territorio. La red que lo mantiene seco en condiciones habituales tiene que recibir entonces un volumen muy superior en poco tiempo.
¿Qué cambió con los regadíos y el crecimiento de la ciudad?
El desarrollo de las grandes compañías de riegos permitió disponer de nuevos recursos para el campo. Se ampliaron los regadíos y se llevó agua a terrenos donde antes la producción dependía mucho más de la lluvia. La transformación agrícola fue acompañada después por un crecimiento urbano e industrial que cambió la escala de ocupación del municipio.
Elche recibió el título de ciudad de Amadeo I en 1871. Durante el siglo XX, la industria del calzado y sus actividades auxiliares impulsaron una expansión extraordinaria. Crecieron barrios como Carrús, Casablanca y San Antón, y la ciudad se extendió sobre terrenos cuyas aguas habían encontrado salida hacia el campo y hacia el Vinalopó.
Después llegaron nuevos desarrollos al este, autovías, carreteras y una ocupación cada vez mayor del entorno rural. La pequeña construcción agrícola, la «faeneta», dio paso en muchas parcelas a una vivienda de campo de mayores dimensiones. Aparecieron cerramientos, muros, accesos y calles entre propiedades. Algunos recorridos de barranco quedaron incorporados a esa red de caminos.
El agua sigue respondiendo a la pendiente, aunque sobre el terreno hayamos cambiado los usos. Los cerramientos la desvían, los viales la concentran y las superficies impermeables aceleran su llegada a los puntos bajos. Lo que antes podía extenderse por un campo encuentra ahora una casa o una carretera. Barbasena y San Antón muestran con claridad esa superposición entre el recorrido del agua y la ocupación humana.
¿Por qué una lluvia intensa puede causar problemas tan deprisa?
Porque una cuenca concentra el agua que cae sobre toda su superficie y la conduce hacia sus zonas bajas. Cuando las aportaciones llegan con rapidez y superan la capacidad de los pasos, colectores o canales, el exceso circula por la superficie. Entonces una calle o un camino puede funcionar como un cauce.
En nuestro seguimiento del territorio, las lluvias que superan los 50 mm en una hora en las cuencas vertientes son una situación de especial preocupación. Un milímetro equivale a un litro por metro cuadrado: hablamos de una cantidad importante de agua cayendo sobre una superficie extensa en muy poco tiempo. En los episodios que hemos observado, los acumulados de 50 a 80 mm han acompañado problemas importantes en zonas del municipio.
Por eso seguimos la intensidad, el acumulado y el lugar donde llueve. Una persona puede ver poca lluvia desde su casa mientras en la cabecera del barranco se está generando la aportación que llegará después. Conocer lo que ocurre aguas arriba permite actuar antes de tener el agua delante. Esa es una de las razones por las que la vigilancia meteorológica local resulta tan importante.
¿Por qué se repiten las inundaciones en San Antón y la carretera de Santa Pola?
El barranco de San Antón recoge las aguas de la zona de la sierra de Ferriol y desciende hacia el este y el sur de la ciudad. En su recorrido encontramos sectores urbanizados, infraestructuras y terrenos agrícolas. Altabix y Travalón forman parte de ese entorno donde las aportaciones del barranco y la lluvia sobre la propia ciudad se encuentran con calles, avenidas y pasos de capacidad limitada.
Uno de los puntos que conocemos bien es el cruce con la CV-865, la carretera de Elche a Santa Pola, y el entorno del camino viejo de Santa Pola. Allí se repiten las afecciones a campos y propiedades. El Ventorrillo Durá es una referencia conocida de esos episodios. El agua llega desde aguas arriba y, al perder un recorrido suficientemente definido y capaz de evacuarla, se extiende por los terrenos próximos.
En los sectores urbanizados, las calles y avenidas pasan a conducir parte de la escorrentía. En el campo, esa misma agua alcanza parcelas y accesos. Son dos manifestaciones de un mismo problema: la continuidad del drenaje desde la cabecera hasta la zona de salida. Actuar solo donde vemos la inundación deja fuera lo que sucede en el resto del recorrido.
La protección de esta zona exige atender al barranco como un conjunto. Hay que dar continuidad al paso del agua, resolver los puntos donde se concentra y evitar que viviendas, comercios y carreteras sigan recibiendo el exceso de las avenidas.

¿Qué ocurre en Barbasena y Los Arcos?
Al poniente del municipio encontramos otro conjunto de zonas expuestas, en el entorno de Algoda, Matola y Algorós. Los barrancos de Barbasena y Los Arcos conducen aportaciones desde las zonas altas hacia terrenos cada vez más llanos y ocupados. El problema aparece cuando el agua pierde un cauce continuo y suficiente y tiene que repartirse entre caminos, parcelas e infraestructuras.
En Barbasena, parte del recorrido coincide con el camino que lleva su nombre o discurre junto a él. Lo que en tiempo seco es un acceso habitual puede convertirse durante una avenida en una corriente con capacidad de arrastre. Las viviendas diseminadas, los muros y los pasos entre propiedades forman parte del espacio por el que esa agua tiene que circular.
La llegada a la CV-875, en el entorno de Matola y de los accesos a las estaciones ferroviarias, es especialmente importante. Allí las aguas se reparten y aprovechan también la pendiente de la carretera. La afección no se limita al terreno agrícola: alcanza la circulación y los accesos de quienes viven o trabajan en la zona.
Los Arcos presenta igualmente un recorrido que debe entenderse desde su cuenca hasta las zonas bajas de Algoda. En ambos casos necesitamos soluciones que restituyan la continuidad del drenaje y reduzcan la exposición de las propiedades y los caminos. El agua que se evacúa de un punto tiene que encontrar una salida adecuada en el siguiente. De lo contrario, el problema simplemente se desplaza aguas abajo.

¿Cómo acaba el Vinalopó y por qué preocupa su tramo final?
El Vinalopó da nombre a tres comarcas y, sin embargo, en su tramo final depende de una salida muy condicionada por las transformaciones del territorio. Al sur del municipio, en Daimes y el entorno de Santa Fe, el río discurre por un estrecho canal y entrega sus aguas al azarbe de Dalt, integrado en la red que las conduce hacia el mar a través del ámbito de las salinas de Santa Pola.
Aquí se encuentra uno de los grandes problemas del sistema: las aportaciones de una cuenca extensa llegan a una llanura cuya evacuación depende de canales y azarbes. La capacidad de esa salida es decisiva. Cuando el agua llega más deprisa de lo que puede evacuarse, se acumula y se extiende por los terrenos bajos, afectando al espacio agrícola, las viviendas y los accesos del entorno.
La transformación histórica de esta zona permitió mantener tierras productivas, pero dejó una estrecha relación entre el drenaje del campo y el desagüe del río. Por eso no basta con actuar sobre un tramo aislado del Vinalopó. Hay que resolver el funcionamiento de su parte final y de la red que recibe sus aguas.
Además, la salinidad y los sedimentos condicionan su aprovechamiento agrícola. Los usos se orientan a cultivos resistentes, palmeras o mezclas con aguas de mejor calidad. Se plantea así una doble necesidad: mejorar el aprovechamiento del recurso y asegurar una salida suficiente cuando llega una avenida. El agua escasa de los periodos secos y el exceso concentrado de los episodios intensos forman parte del mismo territorio.

¿Es seguro utilizar el cauce urbano cuando se esperan lluvias?
El cauce del Vinalopó atraviesa la ciudad de norte a sur y sus laterales se utilizan a diario para pasear y hacer deporte. Pero sigue siendo el espacio por el que circula una avenida. Su aspecto tranquilo durante gran parte del año no cambia esa función.
Cuando llueve intensamente, el río recibe las aportaciones de aguas arriba y también los alivios del drenaje urbano. En los episodios de crecida que hemos observado, el nivel aumenta de forma importante en el tramo meridional, hacia los puentes y la EL-20. Al mismo tiempo, la red de alcantarillado puede entrar en carga y expulsar agua por los registros, levantando tapas y produciendo columnas de agua por la presión acumulada.
La presencia de paseantes y deportistas obliga a anticipar las decisiones. Desde MeteoElx defendemos que, cuando se esperan lluvias significativas con riesgo de crecida, se advierta a la población y se cierre preventivamente el acceso a los espacios expuestos del cauce. No hay que esperar a que el agua ocupe el paseo para intervenir.
El río y la red urbana forman un sistema conectado. La vigilancia de la lluvia en las cabeceras y de la evolución del episodio permite disponer de información antes de que la situación se complique dentro de la ciudad.

¿Por qué también se inunda Carrús norte?
En el norte de Carrús, especialmente en el entorno de San Crispín, se combinan una pendiente importante, una intensa transformación urbana y viales que concentran las aguas hacia determinados puntos. Cuando el drenaje no consigue evacuarlas al ritmo al que llegan, se forman acumulaciones y corrientes superficiales.
En episodios con acumulados en torno a 80 mm hemos visto afecciones a comercios, vehículos arrastrados y dificultades graves de circulación. La arteria norte de la ciudad puede quedar intransitable porque la propia calle pasa a conducir el agua. No hace falta que un río se desborde para sufrir una inundación urbana.
La respuesta debe atender tanto a la captación y evacuación como al recorrido superficial del exceso. Los imbornales, los colectores y los puntos de salida tienen que funcionar como un conjunto. También hay que prever qué espacios quedarán expuestos durante el episodio y actuar antes de que la circulación y los accesos se conviertan en un problema.
Este caso completa el recorrido por las zonas que hemos descrito: el riesgo está en los barrancos, en la llanura agrícola, en el río y también dentro de la trama urbana. La prevención tiene que abarcar todas esas situaciones.

¿Podemos saber lo que está pasando antes de que llegue el agua?
Sí. Esa es precisamente la función con la que hemos organizado la red MeteoElx. Contamos con 49 observatorios distribuidos por el territorio, con estaciones en las cabeceras de los barrancos y puntos de control que permiten seguir la evolución de la lluvia a lo largo de sus recorridos.
Vigilamos también las zonas vecinas al norte, con un observatorio en Alicante ciudad, otro en Aspe y dos puntos en el Vinalopó Mitjà. El agua no se detiene en un límite municipal. Para saber qué puede llegar a Elche necesitamos conocer lo que está ocurriendo en las zonas que aportan agua hacia nuestro entorno.
La integración rápida de todos los registros nos permite observar el episodio desde el primer minuto. La representación mediante polígonos de Voronoi organiza las áreas de influencia de las estaciones y facilita una lectura inmediata de dónde se concentra la precipitación. Vemos los acumulados, las intensidades y la evolución de las zonas que requieren mayor atención.
Esa información se interpreta con el conocimiento del terreno: las cuencas, sus pendientes, los puntos de concentración y las zonas donde se han producido incidencias. Así podemos reconocer el aumento del riesgo mientras la lluvia está cayendo aguas arriba, antes de que sus consecuencias aparezcan en los lugares más vulnerables.
En las lluvias pasadas hemos demostrado nuestra capacidad para seguir los episodios y aportar información sobre la evolución de las avenidas. Disponemos de varios sistemas redundantes para mantener el seguimiento. La finalidad es muy clara: anticiparnos a la llegada del agua y aportar información útil para tomar decisiones a tiempo.
Si esa información existe, ¿por qué no se aprovecha?
Esa es la pregunta que nos hacemos en MeteoElx. Hemos preparado medios, recursos y una red de observación pensada para este territorio. Nuestra información es real y está disponible desde el minuto cero del episodio. Sin embargo, no está integrada en los sistemas operativos de la administración.
El resultado es que ese trabajo queda en nuestras herramientas, en las redes sociales y en nuestro propio conocimiento y estudio del terreno. Seguimos observando, registrando y explicando lo que sucede, pero falta el paso que conecte esa información con la respuesta pública ante las incidencias.
Las obras hidráulicas son necesarias. También lo son la vigilancia y la capacidad de decidir antes de que llegue el agua. Una red meteorológica local aporta continuidad, proximidad y conocimiento de los puntos donde comienza el problema. Desaprovecharla significa dejar fuera una información que ya existe y que puede ayudar a ganar tiempo.
Después de tantos medios y tanto trabajo, es una verdadera lástima. No pedimos que se empiece de cero: el conocimiento está acumulado, los observatorios están sobre el terreno y los datos llegan. Lo que falta es que esa información encuentre su lugar en la prevención y en la respuesta.
El agua seguirá los caminos que le permita el territorio. Nuestra responsabilidad es conocerlos, reducir la exposición y actuar a tiempo. En MeteoElx seguiremos haciendo nuestra parte, minuto a minuto.